Thursday, May 22, 2008

Pobre el secuestrador del banco



Parezco estar repitiéndome una película de hace un par de años con Denzel Washington, John Q, cuando veo las primeras imágenes por los canales nacionales mostrando al hombre que secuestró un banco para pedir ayuda económica a la nación. Un exmilitar, Edgar Santander Paz Morales, que pide una indemnización al estado por haber prestado servicio durante muchos años y ahora no tiene pensión. Un delincuente terrorista, así lo tildan aquí, que luego de haber sido capturando en medio del delito, es llevado a prisión y sentenciado con mucho más rigor que a un verdadero delincuente en Colombia. La desesperación, la falta de trabajo, el dinero, es el pan diario de mucha gente en nuestro país, y no lo culpo. Como sus familiares lo indicaron, Santander Paz es un hombre llevado por la angustia de la necesidad.

Aunque Denzel Washington en la película "John Q" tiene una situación más desesperante: su hijo se está muriendo de una deficiencia y requiere un transplante inmediato y es por eso que secuestra un hospital para pedir ayuda, la desesperación de Edgar, que lleva en su apellido la Paz, podría también tener justificación.






El Estado condenó a John Q a más de cinco años de prisión por haber secuestrado. Edgar Santander Paz Morales, parece que recibirá una peor condena, algunos han hablado de una sentencia de 37 años- es irónico saber que en nuestro país hay asesinos que no reciben ni la mitad de condena de lo que le piensan imputar a este hombre-




Teniendo en cuenta este Panorama, quisiera que el mundo- y los que por accidente encuentren lo que escribí- reflexionaramos sobre la posición de nuestro Gobierno colombiano frente a la problemática de este ciudadano desesperado, y sin duda abatido por los estragos de la violencia en su oficio como militar. Más allá de ver si alguien es delincuente, el Estado de Colombia debería buscar cuidar la salud y bienestar de sus funcionarios militares. El ejemplo de que este Estado no es justo está en Edgar, que no tiene cómo comer y prestó durante muchos años servicio a la nación. Los medios lo condenan porque, según investigaciones, Edgar tiene antecedentes penales por haber disparado y haber actuado de manera violenta en algunos casos, durante su trabajo. La pregunta mía es: ¿Quién no tendría un error así si se dedica al oficio de la violencia?. El ser militar o insurgente no los exime de su realidad latente que es la guerra, la muerte y la violencia. Aunque unos defiendan diferentes intereses, todos están untados de los mismos pecados.

De tal manera, no sirve poner a Edgar Santander en la cárcel, mientras hay cien exmilitares o más en las mismas y peores condiciones. Si Edgar Santander hizo esto, hay otros que optan por asesinar a su familia, o suicidarse. ¿Estamos bien?, ¿la salud mental de nuestro país está bien? ¿El Gobierno vela por la salud y el bienestar de sus militares?

Ahí les dejo esta perla para ponernos a pensar.

Catalina

Comida de Avión ya casi no habrá




Esta es una critica a la comida de avión, y en general, a todo el sistema de servicio al cliente en el mundo y en especial, en nuestro país, que se precia de ser muy humano: Nos importa usted, nos importa el cliente, el servicio es para nosotros nuestro lema, oímos estos slogans hasta la saciedad en comerciales, sin embargo, cuando es nuestro turno de recibir los elocuentes halagos, lo que mejor recibimos es una cachetada.

Hoy, más allá de despotricar de un montón de entidades de las que quisiera hablar y tienen en común un servicio nulo a su clientela, quisiera hablar de los servicios que prestan Avianca y Aerorepública en su comida de avión. Hablar de la comida de avión no es precisamente hablar de Leños y Carbón. Todos somos conscientes de que esta comida se precia de tener un sabor soso, sin embargo, el hecho de recibirla, es para nosotros una especie de compensación por estar viajando en el medio de transporte más caro del mundo.

No sé si sea porque los recuerdos de niños están más llenos de felicidad, y abundancias, pero hace unos días, cuando subí a un avión de Aerorepública dirigiéndome a Bogotá- vuelo doméstico-, por motivos que contaré en otra sección de ocio, me percaté del servicio de comida en el avión.

Antes de viajar, uno ve que el camión de Servicios de comida en avión procura llenar la despensa del aparato con toda suerte de golosinas y panecillos, como imaginábamos en la niñez, pero, vaya, jajajaj, aquello es solo un sueño de Hansel y Gretel.




La cosa es que ya en el avión sufrimos una gran decepción al saber que los que pagamos por un vuelo nacional no merecemos sino escasamente un agua en vaso o una gaseosa. La aeromoza pasa ofreciendo: Gaseosa o agua. Que triste, esa gaseosa me la sirven en la peluquería. Pagamos un infierno de 260 mil pesos, para que la Aeromoza nos ofrezca agua.


Pero esto no es un mal repentino, es algo que se ha venido degenerando desde hace una década, y hoy, finalmente, llega al punto máximo, o mínimo porque no sirven nada.

Recuerdo, ay, que recuerdos, que en vuelo nacional, la aeromoza pasaba con una vianda de plástico que repartía en cada puesto: Aunque una sosa comida, al menos había un sanduche, y hasta ensalada, cubiertos y un frugal postre que pasábamos con alguna bebida. Tiempo después se fue la vianda, y quedó el sanduche de jamón y queso, luego solo de queso, y luego ni eso. En Avianca, hace un par de años en vuelo a Medellín me sirvieron unas Achiras tolimenses en un minúsculo paquete. Le costaría a Avianca 100 pesos y nosotros pagábamos 300 mil por comerlas a unos miles de metros por encima del mar.

Hoy el mundo se precia de tener un sistema que dice haber mejorado su servicio al cliente, y también dice prestar más atención a “lo humano”. Avianca, aunque quebró y se vendió a un brasilero, dice tener una mejor flota de aviones, y ser mejor que hace 100 años. Vaya a ver si esas achiras las sirven ahora, solo está el agua y la gaseosa. Son más ricos pero tienen peor servicio. Allí está.

No quisiera decir con esto que la comida representa todo lo humano en un servicio de avión, pero sí debería hacer parte de éste, sobre todo, cuando la gente compra una vaina tan cara. El recorte de la comida solo demuestra, una vez más, el deseo de ganar más plata y gastar en menos servicio a los clientes.

Avianca y Aerorepública andan de competencia. Deberían cambiar la comida en los vuelos domésticos, si quieren empezar a ofrecer mejor servicio. Jijiij Muy bien, ahora hablemos de Bancolombia y su mal servicio al cliente.

BANCOLOMBIA Y EL MAL SERVICIO AL CLIENTE

Bancolombia, lo que quieres tener, que bello slogan que no se puede aplicar, lamentablemente con los clientes que llevamos más de 1 año disfrutando o siendo vapuleados por el servicio de este banco.



Hace un par de años, cuando Bancolombia no era Bancolombia sino que era Conavi, la gente podía hacer fila de clientes, y esos 7 mil pesitos que nos sacaban mensualmente de nuestras cuentas de ahorro, se sentía que eran justamente pagados porque al menos tenían el decoro de tratarnos preferencialmente ahorrándonos la fila. Sin embargo, en el instante en que Conavi se convirtió en un mounstruo más grande y poderoso al unirse con otras entidades financieras en Bancolombia, el servicio al cliente se volvió nulo.


Los que pueden usar la fila preferencial son los millonarios, es decir, aquellos que tienen 100 millones en la cuenta empresarial, no esas chimbas de ahorro, no, es la empresarial, y que manejen grandes sumas de dinero. Esos son los que merecen hacer fila de clientes. Por lo tanto, lo que pagan 7 mil pesitos mensuales, esos tienen que hacer la fila larga, porque es como si no fueran nadie. Así es Bancolombia, una entidad humana, que por encima de todo está la gente, no importa si es rica o pobre.


Jajajaja Bancolombia, ojalá prontamente se undan.
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