Thursday, November 20, 2008

Canción de Don Tomate. Años 80. Colombia



Estuve tratando de hallar la canción Don Tomate, del album músical infantil "Imaginate" y "Soñando Canciones", que salió en los años ochenta en Colombia y fue hecho por la productora de Teatro "Misi": María Isabel Murillo. Como no encontré la canción, pongo la letra en internet para todos los dinosaurios que vivieron la niñez ochentera y quieren recordar su letra.

Don Tomate


Don Tomate esta muy triste porque no pudo ir a comprar
un gorrito que le hace falta
para poderse casar.

Si no tiene su gorro puesto, dona Pera se va a burlar
pues no tiene ni un pelo en la cabeza
y asi le da verguenza
que lo vean los demás,
pues no tiene ni un pelo en la cabeza
y asi le da verguenza
que lo vean los demás.

Cuando el apio llegó a la boda, encontró esta revolución,
puso fin a todo el problema,
y le puso una peluca de algodón.

Se casaron vivieron muy felices,
tomatico es apreciado en toda la región.
Y tuvieron una nueva familia de frutas y verduras
en toda la región.

Tuesday, October 14, 2008

Un Paseo por Chicago "The Windy City".




Quiero compartir con mis amigos las fotos y experiencias que tuve en la ciudad de los vientos: Chicago, o tal vez suene mejor decirle "Gotham City", mientras recorremos sus inmensos edificios y evocamos a Bruce Wayne, el inmortal Batman. O bien podriamos recordar al legendario Alcapone.

Chicago es el "Frijol" de metal donde los turistas del mundo se paran para verse en las imagenes infinitas de sus espejos. Chicago son las "Crown Towers", muros que nos hablan con expresiones de caras y nos refrescan con el sonido del agua. Chicago es el lago casi oceano, "Michigan Lake", Chicago es como ir a la rueda de Chicago, un lugar lleno de diversion.




Desde el carro aparecieron como espejismos los imponentes edificios y ya comence a tomar fotos como un "turista japones", eso dicen aqui. Y es que no es para mas, yo no conocia Chicagoooo, no conozco el mundo, y cada momento en esta tierra del norte es para mi magia.



Cualquier persona podra creer que exagero, pero en algun momento quise

Thursday, May 22, 2008

Pobre el secuestrador del banco



Parezco estar repitiéndome una película de hace un par de años con Denzel Washington, John Q, cuando veo las primeras imágenes por los canales nacionales mostrando al hombre que secuestró un banco para pedir ayuda económica a la nación. Un exmilitar, Edgar Santander Paz Morales, que pide una indemnización al estado por haber prestado servicio durante muchos años y ahora no tiene pensión. Un delincuente terrorista, así lo tildan aquí, que luego de haber sido capturando en medio del delito, es llevado a prisión y sentenciado con mucho más rigor que a un verdadero delincuente en Colombia. La desesperación, la falta de trabajo, el dinero, es el pan diario de mucha gente en nuestro país, y no lo culpo. Como sus familiares lo indicaron, Santander Paz es un hombre llevado por la angustia de la necesidad.

Aunque Denzel Washington en la película "John Q" tiene una situación más desesperante: su hijo se está muriendo de una deficiencia y requiere un transplante inmediato y es por eso que secuestra un hospital para pedir ayuda, la desesperación de Edgar, que lleva en su apellido la Paz, podría también tener justificación.






El Estado condenó a John Q a más de cinco años de prisión por haber secuestrado. Edgar Santander Paz Morales, parece que recibirá una peor condena, algunos han hablado de una sentencia de 37 años- es irónico saber que en nuestro país hay asesinos que no reciben ni la mitad de condena de lo que le piensan imputar a este hombre-




Teniendo en cuenta este Panorama, quisiera que el mundo- y los que por accidente encuentren lo que escribí- reflexionaramos sobre la posición de nuestro Gobierno colombiano frente a la problemática de este ciudadano desesperado, y sin duda abatido por los estragos de la violencia en su oficio como militar. Más allá de ver si alguien es delincuente, el Estado de Colombia debería buscar cuidar la salud y bienestar de sus funcionarios militares. El ejemplo de que este Estado no es justo está en Edgar, que no tiene cómo comer y prestó durante muchos años servicio a la nación. Los medios lo condenan porque, según investigaciones, Edgar tiene antecedentes penales por haber disparado y haber actuado de manera violenta en algunos casos, durante su trabajo. La pregunta mía es: ¿Quién no tendría un error así si se dedica al oficio de la violencia?. El ser militar o insurgente no los exime de su realidad latente que es la guerra, la muerte y la violencia. Aunque unos defiendan diferentes intereses, todos están untados de los mismos pecados.

De tal manera, no sirve poner a Edgar Santander en la cárcel, mientras hay cien exmilitares o más en las mismas y peores condiciones. Si Edgar Santander hizo esto, hay otros que optan por asesinar a su familia, o suicidarse. ¿Estamos bien?, ¿la salud mental de nuestro país está bien? ¿El Gobierno vela por la salud y el bienestar de sus militares?

Ahí les dejo esta perla para ponernos a pensar.

Catalina

Comida de Avión ya casi no habrá




Esta es una critica a la comida de avión, y en general, a todo el sistema de servicio al cliente en el mundo y en especial, en nuestro país, que se precia de ser muy humano: Nos importa usted, nos importa el cliente, el servicio es para nosotros nuestro lema, oímos estos slogans hasta la saciedad en comerciales, sin embargo, cuando es nuestro turno de recibir los elocuentes halagos, lo que mejor recibimos es una cachetada.

Hoy, más allá de despotricar de un montón de entidades de las que quisiera hablar y tienen en común un servicio nulo a su clientela, quisiera hablar de los servicios que prestan Avianca y Aerorepública en su comida de avión. Hablar de la comida de avión no es precisamente hablar de Leños y Carbón. Todos somos conscientes de que esta comida se precia de tener un sabor soso, sin embargo, el hecho de recibirla, es para nosotros una especie de compensación por estar viajando en el medio de transporte más caro del mundo.

No sé si sea porque los recuerdos de niños están más llenos de felicidad, y abundancias, pero hace unos días, cuando subí a un avión de Aerorepública dirigiéndome a Bogotá- vuelo doméstico-, por motivos que contaré en otra sección de ocio, me percaté del servicio de comida en el avión.

Antes de viajar, uno ve que el camión de Servicios de comida en avión procura llenar la despensa del aparato con toda suerte de golosinas y panecillos, como imaginábamos en la niñez, pero, vaya, jajajaj, aquello es solo un sueño de Hansel y Gretel.




La cosa es que ya en el avión sufrimos una gran decepción al saber que los que pagamos por un vuelo nacional no merecemos sino escasamente un agua en vaso o una gaseosa. La aeromoza pasa ofreciendo: Gaseosa o agua. Que triste, esa gaseosa me la sirven en la peluquería. Pagamos un infierno de 260 mil pesos, para que la Aeromoza nos ofrezca agua.


Pero esto no es un mal repentino, es algo que se ha venido degenerando desde hace una década, y hoy, finalmente, llega al punto máximo, o mínimo porque no sirven nada.

Recuerdo, ay, que recuerdos, que en vuelo nacional, la aeromoza pasaba con una vianda de plástico que repartía en cada puesto: Aunque una sosa comida, al menos había un sanduche, y hasta ensalada, cubiertos y un frugal postre que pasábamos con alguna bebida. Tiempo después se fue la vianda, y quedó el sanduche de jamón y queso, luego solo de queso, y luego ni eso. En Avianca, hace un par de años en vuelo a Medellín me sirvieron unas Achiras tolimenses en un minúsculo paquete. Le costaría a Avianca 100 pesos y nosotros pagábamos 300 mil por comerlas a unos miles de metros por encima del mar.

Hoy el mundo se precia de tener un sistema que dice haber mejorado su servicio al cliente, y también dice prestar más atención a “lo humano”. Avianca, aunque quebró y se vendió a un brasilero, dice tener una mejor flota de aviones, y ser mejor que hace 100 años. Vaya a ver si esas achiras las sirven ahora, solo está el agua y la gaseosa. Son más ricos pero tienen peor servicio. Allí está.

No quisiera decir con esto que la comida representa todo lo humano en un servicio de avión, pero sí debería hacer parte de éste, sobre todo, cuando la gente compra una vaina tan cara. El recorte de la comida solo demuestra, una vez más, el deseo de ganar más plata y gastar en menos servicio a los clientes.

Avianca y Aerorepública andan de competencia. Deberían cambiar la comida en los vuelos domésticos, si quieren empezar a ofrecer mejor servicio. Jijiij Muy bien, ahora hablemos de Bancolombia y su mal servicio al cliente.

BANCOLOMBIA Y EL MAL SERVICIO AL CLIENTE

Bancolombia, lo que quieres tener, que bello slogan que no se puede aplicar, lamentablemente con los clientes que llevamos más de 1 año disfrutando o siendo vapuleados por el servicio de este banco.



Hace un par de años, cuando Bancolombia no era Bancolombia sino que era Conavi, la gente podía hacer fila de clientes, y esos 7 mil pesitos que nos sacaban mensualmente de nuestras cuentas de ahorro, se sentía que eran justamente pagados porque al menos tenían el decoro de tratarnos preferencialmente ahorrándonos la fila. Sin embargo, en el instante en que Conavi se convirtió en un mounstruo más grande y poderoso al unirse con otras entidades financieras en Bancolombia, el servicio al cliente se volvió nulo.


Los que pueden usar la fila preferencial son los millonarios, es decir, aquellos que tienen 100 millones en la cuenta empresarial, no esas chimbas de ahorro, no, es la empresarial, y que manejen grandes sumas de dinero. Esos son los que merecen hacer fila de clientes. Por lo tanto, lo que pagan 7 mil pesitos mensuales, esos tienen que hacer la fila larga, porque es como si no fueran nadie. Así es Bancolombia, una entidad humana, que por encima de todo está la gente, no importa si es rica o pobre.


Jajajaja Bancolombia, ojalá prontamente se undan.

Wednesday, February 20, 2008

LOS FELIGRESES




Los Feligreses





Santa

Santa, ¿habrá una santa negra, santa que en su fe rebase toda la fidelidad de los demás santos, por eso de que su cultura profesa mayor devoción al señor?. Yo la he visto, así imagino a una santa en vida, casi alada como ángel. No tendría que llevar un vestido blanco, podría estar rucio, porque está viejo, y sí, ella tiene una aureola brillante, solo que no es posible verla, hay que sentírsela.

Una camándula colgaba de su pecho, una cruz blanca, así como una pañoleta en su cabeza. A diario oía la palabra en San Judas, y luego, cuando salía, su cuerpo levitaba en santidad. Cuando mis ojos se privilegiaban de verla, en su cara nacía una sonrisa de eterna calidez, la que no se turba jamás, porque en ella habita la tranquilidad. No la aturdía tampoco el estruendo de un vallenato que salía del billar de al frente, ni el aire pesado de la calle un viernes, uno que poco se parecía al sahumerio de los jueves santos.

A esta santa poco la encontré, poco me la tropecé porque los milagros o accidentes afortunados no son algo cotidiano, sino casualidades. Yo la pienso a usted, la recuerdo, me dice cada vez que me ve. Me gustaban sus palabras sinceras, como muy pocas, y son para mí un bálsamo de paz que por un momento apacigua los cayos de la vida.

Imagino que su oficio está en repartir caridades, aunque su casa no sea la más visitada por los Reyes Magos. Tiene mil rotos en su desecho vestido, y mil veces los ha remendado, y sigue inerme, con su espíritu que no se corrompe se la ve recorrer las calles todos los días, muchos le acercan un plato, por eso no tiene de qué preocuparse, que hasta la esperma quemada de los deseos de todos los pecadores la inspiran y alimentan en su trabajo.


Ofir

La Iglesia San Judas Tadeo, en el corazón de la avenida Sexta de Cali; en este lugar, es común la confusión, como en la Torre de Babel, pero en este caso no es de lenguas sino de sonidos: rezos con abominables ruidos de vallenatos, pitos y borrachos a las 7 de la noche de un viernes, o bien, de cualquier día de la semana, porque aquí en Calí, cualquier hora es buena para ser ocioso.

Las historias que hoy comparto con este público- que por cierto me recuerda al capítulo de South Park, insisto, el de los muñecos tomando té con ese niño mimado, no recuerdo como se llama- las hicieron las personas que conocí, en alguna época de mi vida, allí, en la Iglesia San Judas Tadeo.

Cuando salía de una Iglesia la vi. Eran solo suyos unos ojos verdes, saltones, que resaltaban de su figura encorvada. Ofir, su nombre me sonaba a una perla, el nombre de una piedra preciosa estrambótica encontrada por un pirata de algún océano bien lejano, porque por aquí no hay muchas piedras de Ofir.

No olía muy bien, ni la primera, ni la última vez, y aquel día me habló como si me conociera: Hola mija!, y luego soltó una perorata sobre sus dolencias que yo parecía oir lejanamente porque mis esfuerzos se concentraban en otras cosas banales, muy distantes del sagrario, la devoción y la humildad.

Al fin terminó su historia, y me despedí de ella con cierto fastidio. Ofir tomó rumbo hacia su casa, que era poco menos que la calle, y desapareció.

Me contaban, entre los chismes de los feligreses- los feligreses también chismosean-, que la mujer vivía en el centro de la ciudad, en algo más horrible que una pocilga, sola, por eso de que no había dejado descendencia, y los pocos familiares de sangre que aún vivían, sus hermanas, le proferían el más indeseable de los odios. Algún día pudo llamarse rica, y también logró gozar de buena apariencia y dignidad, mas hoy, golpeada por el revés de los accidentes, su vida se iba apagando en la compañía del frío de la madrugada del Parque Caicedo.

Luego de ese encuentro la ví muchas veces, la saludé unas menos, y sentía siempre su dolor, su inconformidad, su permanente amargura. En las oraciones de mi padre seguro estaba Ofir, una feligrés más de la iglesia San Judas. Un día, como aquellos que llegan siempre en una noche especial de misa, los feligreses contaron que le habían encontrado muerta en el parque, luego de haber sufrido el embate de unas patadas en la puerta de otra Iglesia.

Wednesday, January 23, 2008

EL SEÑOR ARIAS. CAPITULO II (viene de ELISA)

Desde los cerros orientales se adivinaba ese hilo tímido, falto de convicción que era el bogotano sol, golpeando sin fuerza los ojos del bueno de Mateo Arias. Su habitación era un manojo de recortes, fotografías y documentos inconexos. Su mente, un repertorio de datos inútiles e informaciones confidenciales. Llevaba tres años a cargo de la sección de crónicas rojas en el diario.

De las paredes pendían caprichosas algunas estampas tomadas de revistas cinematográficas y algunos fragmentos de breves poemas publicados en caprichosas colecciones literarias. Entre las fotografías se destacaba una, en color sepia, de Louise Brooks, actriz que le obsesionaba hasta el paroxismo.

Llevaba seis meses residiendo en esa diminuta pensión en donde los sueños, bajezas y aspiraciones de centenares de inmigrantes procedentes de los más lejanos lugares de la República, se encontraban para vivir bajo un mismo techo, con un mismo cuarto de baño, con una rutina que a fuerza de ser cotidiana se les había hecho tolerable.

De un salto, Mateo, se levantó de el nada blando lecho que por cama tenía para ver su rostro contra un espejo mediano, caprichosamente ladeado en una de las cuatro paredes de cal que conformaban su improvisado y según sus sueños y ambiciones imposibles transitorio habitáculo.

–Hoy es martes, martes de artes, martes de descartes, apartes–, se dijo en voz alta a sí mismo pues la costumbre de vivir solo y de dirigirse únicamente a foreneses, delincuentes de baja estopa y a sus más cercanos colegas en el diario, había aguzado su capacidad de monologar sin sentirse demente.

El reloj escupía las 7:30 AM, tiempo apenas suficiente para abordar el tranvía desde La Alameda de la Carrera 13 hasta la Avenida Jiménez, sede del imperio de tinta y papel que era el periódico de Eduardo Cano.

Y ahí estaba, con su pelo brillante por la grasosa acción de la gomina. Con sus gruesos lentes de carey, ingresando como cualquier mañana al mismo edificio. Con el propósito de llevar la máquina de escribir hacia la cercana bolera de San Francisco en donde prefería trabajar porque allí ‘nadie le preguntaba nada’.

Pero aquel día, aquel martes que no parecía estar destinado a ser que otro martes más, las cosas estaban comenzando a hacerse inusuales…


CUANDO LA LETRA M SE TRABA
CAPITULO III


Ese día el señor Ramón, ilustre arreglador de máquinas de escribir, tenía entre abierta la puerta de su establecimiento. Cuando Mateo entró, Ramón le daba la espalda, mientras zangoloteaba una máquina vieja que parecía estar arreglando. Mateo se acercó y exclamó: Ramón, cómo está usted, ¿mucho trabajo?. A lo que Ramón contestó: “Se le trabó la letra M”. Mateo soltó una carcajada: “imagínese que se trabara la letra M de mi máquina, los muertos no tendrían su cuarto de hora”. Ramón también sonrió y volvió a su trabajo indicándole dónde dejar la máquina descompuesta, al tanto que le advirtió: Venga el viernes, usted ya sabe por qué, mucho trabajo. “Puede buscar mientras tanto una máquina de la oficina, pero asegúrese de que la letra M esté lubricada” le dijo el viejo. Mateo se despidió.

Luego de haber dejado reparando a su cómplice y desgastada amiga máquina de escribir, a la entrada del periódico el fuerte soplo del viento matutino de los cerros quiso arrebatar por un momento su sombrero. Fatigado por el silencioso embate, se acomodó el adminículo de la cabeza y volteó para ver si alcanzaba a agredir al fenómeno natural invisible. Mas al instante, notó que casi en la esquina una muchedumbre se agolpaba en circulo. Algunas mujeres gritaban con sus guantes cachacos, y se santiguaban mirando al cielo para ver si con aquella vehemencia religiosa Dios perdonaba al pecador que dejó al cuerpo reposando en la acera, luego de haberse arrojado desde el piso número 10 del edificio del diario.

De inmediato, Arias se dirigió al lugar de los hechos y abriéndose paso entre los curiosos con su paraguas negro, se agachó para urgar en la billetera del cadáver- porque si había algo que a Mateo Arias le gustaba era fingir ser detective, a pesar de que sus menesteres y conocimiento solo se limitaban al inactivo universo de las palabras-. Sin embargo por su tarde llegada, se dio cuenta de que los facinerosos habían hecho de las suyas en los bolsillos del difunto.

Nada entonces por ahora podría presumir quién era aquel NN que había decidido, al parecer, dejar de existir una mañana del 1 de mayo de 1926.

Por unos minutos, el joven periodista se sumió en una profunda introspección. Aún bajo la multitud, apenas alcanzaba a oír los lejanos lamentos y cuchicheos de los morbosos transeúntes. Estuvo pensando, imaginando un poco, cómo pudo haber transcurrido la vida de este desconocido finado.

Aquella nueva pieza para su rompecabezas literario judicial le sabía a miel, y ya comenzaba a esculpir en la mente una historia de sangre.

Cuando el alma volvió de su Hades mental, el columnista de la página judicial alcanzó a sentir que alguien le estaba observando y, al subir la vista, se encontró con los ojos de la asistente del director, la famosa NN de la oficina. (¿Puede haber un NN famoso?)

En ese instante, Arias conoció por fin a la figura tras la sombra del Director. Le extrañó entonces que la mujer, por reflejo del instinto, no hubiera perdido la mirada, a pesar de haberse percatado de la sorpresa de él. Vestía una falda muy larga y vieja, algo pasada de moda, igual que su gorro de flor marchita. De repente, el sonido de las sirenas los despertó del letargo, y la mujer desapareció. Arias avisó que se había regresado corriendo a su cubículo clandestino.

Thursday, December 06, 2007

LA LEYENDA URBANA DEL CENTRO

BIEN, SALGO EN LA MAÑANA A LA CALLLE Y…

"La señora Locura es nerviosa, tonta e ignorante. Se sienta a la puerta de su casa, en un trono, en lo alto de la ciudad. Desde allí interpela a los transeuntes, a los que siguen derecho por su camino: «¡Dense una vuelta por aquí, ustedes que nada saben!» A los que no piensan en nada les dice: «¡El agua robada es más dulce, el pan que se come a escondidas es más sabroso!» Pero los oyentes no saben que por allí andan rondando los muertos, y sus invitados descienden a los infiernos."
Proverbios 9 versiculo 13, El banquete de la locura.

“Aquello de ver el corazón de la calle es más impactante de oir a Mozart, y su réquiem”, mi agotada mente piensa mientras retiene con desagrado el olor a grasa que invita a los peatones a quedarse un poco y entrar a consumir algún chorizo antes del almuerzo.

Mientras camino, alguna frase de “cortejo” que un hombre le compuso de improviso a una mujer se atraviesa: “me gustan grandotas, uy mire esa arepa, uy que lindo que tiene ese rabo”. Luego, debo esquivar a un ser jerarquizado en un limbo entre el homo Sapiens y el Australopitecus y, por lo tanto, con la escasa capacidad de moverse y proferir algún balbuceo ininteligible que gusta comunicar a su audiencia. Algunas veces alcanza a gritar una grosería que le salió del alma, y a seguir peleando con sus fantasmas en el semáforo. Al verlo a él, o a ella, de pelo chamuscado, y cuerpo tiznado, ambos evocando a nuestra humanidad primitiva, solo puedo pensar que aquellos personajes no distan mucho de los demás peatones.

Un buen día salí de un banco, y en la esquina de un parque se me atravesó una señorita para recoger lo que a mi vista parecía un “fajo” de infinitos billetes de 20 mil pesos. Al instante pensé “qué suerte la de esta mujer, por qué no lo vi primero, si estaba encima de mi zapato” pero, luego del lapsus de la inmediatez, comprendí que la mujer había fallado conmigo, su víctima, en la modalidad de un robo conocido por todos como “el paquete chileno”.La mujer me preguntó, como para ver si le podía juzgar moralmente bien antes de intentar hacerme de nuevo la fechoría, “¿será que se los entrego al viejito que se le cayeron?” y yo, intentando seguir mi camino, le respondí “no sé”.Luego la ví santiguarse cuando pasó la calle, y al final no supe si era una ladrona. Tal vez era una mujer necesitada, pensé yo, pero, ¿por qué robarle la plata a un ancianito?

Y qué decir de aquel hombre que se hace comenzando el puente. Vendiendo palos, hierbas, menjurjes mágicos que curarán los males de su clientela inocente. La impotencia y el acné son enfermedades que él dice curar, y en su asento paisa fingido, como para infundir más credibilidad a sus promesas, ilustra los casos de enfermedades no solo con unas vistas, sacadas de algún libro viejo de dermatología, sino que pone en performance a los mismos transeúntes. Con su micrófono parlante, le advierte al público… “o como esa señora que pasa allí, mire usted, esos granos vulgares solo pueden curarse con esta pomada que….” De repente, su discurso se ve interrumpido por la turba que huye porque llegó la policía a sacarlos del espacio público invadido desde hace años y hoy parece un predio privado, como si ellos le pagaran impuesto, porque así me lo hizo saber un hombre que me recriminó hace unos días cuando, a falta de espacio en el espacio público, sin querer queriendo le pisé una de sus correas que vendía. “acomódemela” no encontró otra cosa qué decirme.

En esta feria callejera, que feliz y tristemente me enternece, o podría decir yo, me apesadumbra, veo como la gente vive, en alguna extraña pesadilla. La voz de algún ángel en miniatura, que de seguro me camina por el hombro a diario, me dice: Pobre gente, no hay dinero y se rebuscan la vida. Y le respondo con la rabia que me dio el señor de las correas, pero, a qué precio se la rebuscan!.

Robando, engañando, abusando, convirtiendo el espacio público en un lupanar de miseria.

Un vendedor de puesto ha guardado su ganancia del día dentro de la tapa de una alcantarilla, ¡ingenioso!, pienso yo. Entre tanto, en las gradas del puente las mendigas de turno se acomodan para empezar su horario de trabajo, alguna se pinta y otras se ensucian. Las indígenas ecuatorianas, manejadas por algún chulo explotador, cargan a sus guaguas, que ni deben ser de ellas. ¿A quién engañan?.

Tal vez si existen ángeles y demonios perdidos en el mundo; En cara del hombre que se pasea un domingo con una jeringa y un traje de Osama binladen, quién sabe si para amedrentar o agradar. Un demonio, escondido en los escombros del barrio obrero, y que se adhiere a los desorbitados ojos de un indigente que me saca la lengua mientras encuentra algo en la bolsa.


CONTINUARÁ..
CONTINUARÁ..

Tuesday, October 30, 2007

Mi nuevo blog

Tengo un nuevo blog de películas. Yo le puse depelicuelas. La dirección es: http://depelicuelas.blogspot.com
PAGINAS DE INTERNET QUE RECOMIENDO: www.elblogotazo.com